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lunes, 5 de agosto de 2013

Un relevo en 7 claves políticas y 1 personal

Un relevo en siete claves: seis políticas y una personal

Una larga conversación personal con el presidente de la Junta, con el compromiso de no revelar determinados extremos ni detalles, así como fragmentos de muchas otras conversaciones mantenidas con dirigentes y miembros del Gobierno y del Partido Socialista configuran los dispersos materiales con los que, a modo de puzzle, ha sido confeccionada esta crónica de un vertiginoso adiós

ANTONIO AVENDAÑO / Sevilla / 4 Ago 2013 6
José Antonio Griñán y Susana Díaz, en el comité director del PSOE tras ser proclamada candidata a la Junta. // LAURA LEÓNJosé Antonio Griñán y Susana Díaz, en el comité director del PSOE tras ser proclamada candidata a la Junta. // LAURA LEÓN

Al presidente de la Junta de Andalucía se le hunden los ojos y se le quiebra la voz cuando hace alusión a los dramas familiares que lo acorralan desde hace tiempo. Las alusiones son siempre en privado, nunca en público, pero sin tener en cuenta esos problemas no es posible entender del todo la decisión de José Antonio Griñán de abandonar la primera línea de la política institucional el próximo 27 de agosto, cuando dará paso a su actual consejera de Presidencia, Susana Díaz. Pero las heridas domésticas son únicamente el contexto de la despedida, no su explicación.
El adiós presidencial pudo ser sospechado por muchos pero nunca confirmado por nadie. La incógnita se desvelaba el pasado 26 de junio, cuando se filtraba que Griñán anunciaría al día siguiente, en el Debate del Estado de la Comunidad, su propósito de no concurrir a un tercer mandato para optar a la Presidencia de la Junta. A partir de ese momento todo se precipitó: convocatoria de primarias contrarreloj, concurrencia de cuatro precandidatos de los que solo Susana Díaz logró reunir los avales necesarios, proclamación de la nueva candidata por el Comité Director, fijación del calendario de salida de Griñán y de entrada de Díaz…
1. La herida del 30%
Pero si el anuncio de la despedida tuvo lugar el 26 de junio, el origen de esa decisión se remontaría a unos cuantos meses atrás. Concretamente al día de San Fermín del año pasado. Aquel 7 de julio de 2012 hizo bochorno incluso en el palacio de congresos del complejo turístico El Toyo, a pocos kilómetros de la capital y escasos metros del mar de Almería. Fue un día de calor dentro y fuera del recinto: fue el día en que los compromisarios socialistas de las ocho provincias votaban la renovación de la candidatura de Griñán a la secretaría general del partido. Solo 24 horas antes, el presidente había dicho imprudentemente: “Yo no tengo críticos, que yo sepa, ¿no?”. Pues si no lo sabía, aquel 7 de julio vaya si lo supo: casi el 30% de los delegados del partido en el congreso le dieron la espalda.
Tal y como suele hacerse en estos casos en política, el líder socialista hizo como que no pasaba nada. Pero sí que pasaba. Pasaba que, en su fuero interno, Griñán creía merecer un respaldo más unánime de un partido al que solo cuatro meses antes casi todo el mundo daba por derrotado en las urnas andaluzas convocadas en solitario para el 25 de marzo y al que una decisión contra corriente pero de hondo calado estratégico adoptada en solitario por Griñán en el invierno de 2012 había salvado literalmente de la debacle: en contra de lo que le reclamaba su secretario general Alfredo Pérez Rubalcaba y otros históricos pesos pesados del partido, el presidente andaluz no quiso convocar las elecciones andaluzas conjuntamente con las generales del 20 de noviembre. Aquella decisión salvó a Griñán y salvó al PSOE andaluz, que escapaba así del desastre sufrido por una organización federal que desde entonces no logra levantar cabeza.
2. El hombre que no quería ser presidente
Además de los resultados del XII Congreso del PSOE-A, la decisión del 26 de junio tiene una segunda genealogía, ciertamente mucho más conjetural que la anterior, pero no menos reveladora. Para seguir su rastro hay que remontarse al mes de marzo de 2009. Fue entonces cuando el presidente José Luis Rodríguez Zapatero le pidió a su homólogo andaluz, Manuel Chaves, que se incorporara a su Gobierno. A Chaves no le gustaba demasiado la idea, pero sospechaba que no podía decirle que no a su secretario general. La negociación soterrada entre Moncloa y San Telmo concluyó con Chaves yéndose a Madrid con el rango de vicepresidente, y no simplemente como ministro raso, que era el plan inicial de Zapatero. Pero antes de decirle que sí a Zapatero, Chaves quería dejar un sucesor de su gusto, no necesariamente del de Zapatero. Contra las preferencias del presidente, que quería a María del Mar Moreno, la elección de Chaves fue Griñán, pero contra todo pronóstico Griñán… ¡no quería ser presidente! Su resistencia a aceptar el encargo duraría cerca de tres semanas, al término de las cuales Griñán dijo sí. ¿Por qué ese cambio de opinión? Una versión verosímil, pero no confirmada, es que al quedar descartada la opción de Mar Moreno, en teoría por sus insuficientes apoyos orgánicos, y plantear Luis Pizarro, histórico lugarteniente de Manuel Chaves en el partido, el nombre del entonces consejero de Agricultura Martín Soler, rechazado a su vez por Gaspar Zarrías, histórico lugarteniente de Chaves en el Gobierno, Griñán se habría inclinado por aceptar finalmente el cargo.
Contra lo que no pocos siguen creyendo, la resistencia de Griñán no era una comedia. El miércoles 22 de abril de 2009 era investido presidente y justo una semana después, en una charla informal con algunos periodistas en la Feria de Sevilla, Griñán comentaba indiscretamente que no quería ser presidente, que hubiera preferido no serlo. No todos le creyeron, pero al menos un par de testigos están seguros de que Griñán era absolutamente sincero.
Aquella sinceridad es la percha de la que cuelga esa segunda genealogía de su despedida: de alguien que se resiste a aceptar una Presidencia regalada -y sin contraindicaciones relevantes que aconsejaran rechazarla- sí puede entenderse, en una clave estrictamente vital y psicológica, que solo cuatro años después decida a su vez regalarla. No es que la psicología pueda, naturalmente, explicar todos los mimbres y entresijos de la despedida de Griñán, sino que sin ella toda explicación se queda coja. No inválida total, pero sí coja.
Aun así, quienes conocen los intentos, finalmente exitosos, de Griñán de hacerse con todo el poder en el Partido Socialista, forzando un congreso extraordinario y expulsando de la dirección a Chaves y los suyos, ponen en duda la sinceridad de los remilgos del entonces vicepresidente de la Junta para aceptar la Presidencia. Puede que no tengan razón, pero tienen todo el derecho a esas dudas.
3. Improvisación, no; aceleración, sí
¿Significa eso que la decisión de irse ha sido improvisada? El presidente no esconde su irritación cuando se le menciona esa interpretación, compartida por muchos. No admite que haya habido improvisación, aunque le es difícil negar que no ha habido aceleración. Griñán ha consumado a velocidad de vértigo su relevo mientras con el rabillo del ojo observaba los movimientos procesales de la jueza Mercedes Alaya, instructora del caso de los ERE de utilización fraudulenta de fondos para prejubilaciones de trabajadores de empresas en crisis.
El líder socialista tenía claro que no estaba dispuesto a soportar la humillación política de que Alaya pidiera su imputación siendo presidente, y ello pese a estar absolutamente convencido de que cuando la solicitud de imputación formulada por la jueza llegue al Supremo este no dudará en desestimarla porque, en opinión de Griñán, no cabe hacer reproche penal alguno al hecho de que, siendo él titular de la Consejería de Economía y Hacienda, no fueran tomados en consideración los sucesivos informes de la Intervención General de la Junta alertando de las graves deficiencias en el procedimiento de concesión de ayudas sociolaborales.
El momento más comprometido para Griñán en ese sentido fue la declaración ante la jueza, el pasado día 25, del exinterventor general Manuel Gómez. Pero lo cierto es que Gómez no aportó la pistola humeante que habría demostrado la culpa incontrovertible de Griñán. Expresó su convencimiento de que el entonces titular de Hacienda tenía que haber visto sus informes y recalcó que no le importaban en absoluto las deficiencias observadas, pero, para irritación de Alaya, no varió la tesis defendida en agosto pasado ante la comisión de investigación del Parlamento andaluz: el procedimiento era inadecuado, pero no ilegal, y si quienes gestionaron las ayudas hubieran cumplido la ley nunca habría habido caso de los ERE.
No es imposible, en cualquier caso, que en su fuero interno, allí donde no llegan las preguntas de los jueces ni los periodistas, Griñán se haya preguntado más de una vez si no podía haber hecho más de lo que hizo, que fue más bien nada, para enderezar un procedimiento tan ayuno de controles como sobrecargado de riesgos.
4. Del Senado a Ferraz y de Ferraz al Senado
Al presidente, en cualquier caso, no le cabe duda de que Alaya promoverá en algún momento su imputación, pero a él la noticia no le cogerá ya en San Telmo. Si acaso, le cogerá en Ferraz, sede federal socialista que, a partir del otoño, Griñán visitará a menudo para hacer uso del despacho de presidente del partido durante las horas libres -seguramente muchas- que le dejen sus responsabilidades -seguramente pocas- como senador, cargo al que accederá por la cuota de la Comunidad Autónoma y con el cual mantendrá su aforamiento ante el Supremo.
Inicialmente no entraba, al parecer, en los planes del presidente ocupar un escaño en la Cámara alta. Personas de su entorno político más cercano sostenían que si lo hacía así ello remacharía la convicción de mucha gente de que sus movimientos habían estado marcados por el temor a una imputación promovida por Alaya: negaba públicamente que hubiera dejado la Presidencia movido por ese temor, pero se iba al Senado para no quedar inerme ante la jueza, dado que había quedado descartado permanecer en su escaño del Parlamento andaluz, cuyo aforamiento lo gestiona el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía. El escaño de senador también le permitirá, además, atender muy de cerca esos dolorosos dramas familiares que acechan al presidente y que no son en absoluto ajenos a su abrupta despedida institucional.
5. Una estrategia pacientemente meditada
Pero Griñán no quiere pasar a la historia del Partido Socialista como un secretario general veleidoso. Puede que no practique la militancia de hierro de tantos afiliados de su generación, pero también para él el partido es el partido. Por eso intenta convencer a quienes le escuchan de que, sin negar la existencia de motivos familiares o procesales por otra parte innegables, todos sus movimientos obedecen a una estrategia política ejecutada ahora pero pacientemente meditada desde hace mucho tiempo.
Griñán cree que las políticas nacionales y europeas de la derecha están propiciando una brutal redistribución de la renta, multiplicando la desigualdad entre clases y poniendo en peligro los logros de un Estado del Bienestar que es la columna vertebral de la socialdemocracia clásica que profesa el presidente. También cree que el PSOE necesita afrontar una renovación ideológica y generacional de la cual Andalucía ha marcado el camino eligiendo para liderar el partido a una mujer de 39 años, aunque otros nombres han sido manejados también por el presidente como posibles sustitutos: María Jesús Montero, consejera de Salud; Mar Moreno, consejera de Educación; o Mario Jiménez, vicesecretario del partido. Igualmente, piensa que su joven número dos en el PSOE andaluz Mario Jiménez tiene mucho que aportar a la dirección federal que salga del próximo congreso socialista, y de ahí la inminente marcha también del onubense al Senado, base de operaciones para tomar la fortaleza de Ferraz.
Por otro lado, Griñán siente que las heridas infligidas durante la pugna con su antecesor Manuel Chaves hay que restañarlas, pero admite que esa delicada operación de cirugía interna no puede llevarla a cabo él personalmente. De hecho, Susana Díaz ya está en ello: la futura presidenta no quiere dejar cabos orgánicos sueltos. Ha reintegrado a Jaén, ha aproximado a los alcaldes sevillanos más díscolos, ha hecho las paces con buena parte de Cádiz, ha tanteado a Chaves…
6. La renovación empieza por uno mismo
Los mimbres de la estrategia de Griñán serían estos: el PSOE andaluz se renueva y se adelanta marcando la pauta de la renovación al PSOE federal; la organización andaluza llega con los deberes hechos a la Conferencia Política del otoño, donde tendrá muchas cosas que decir; si hay alguna eventualidad judicial, como una imputación, la Presidencia de la Junta queda a salvo; el partido gana tiempo y restaura su cohesión eligiendo a su candidata en un momento en que el PP está sin liderazgo e IU necesita tiempo para afianzar el suyo. Griñán, en definitiva, se marcha o al menos cree marcharse con el deber cumplido de dejar un PSOE andaluz renovado, fuerte y bien situado electoralmente. Y se va, quiere pensar el presidente, con la autoridad moral de haberse sacrificado a sí mismo en beneficio de las siglas socialistas. Todo parecen ventajas. ¿Y dónde quedan entonces los inconvenientes? La respuesta a esa pregunta es cosa del futuro. Solo el tiempo tiene autoridad para dictaminar si una estrategia ha sido acertada o no.
7. El puzle inacabado
Como el ángel atónito de Walter Benjamin que, dando la espalda al vendaval, mira cómo éste va acumulando tras de sí todo ese desordenado material de derribo que es la historia, Griñán es ya un presidente involuntariamente melancólico que habla, piensa, siente y mira no de espaldas a la historia, pero sí desde sus márgenes, observando con inquietud los gestos de perplejidad de muchos de sus compañeros y echando de menos algunas llamadas telefónicas transmitiéndole su comprensión y complicidad, como hizo, por cierto, José Luis Rodríguez Zapatero.
Su decisión de dejar el cargo institucional más importante ostentado ahora mismo por un socialista y en un momento en que los socialistas no disfrutan precisamente de demasiados buenos cargos no entraba en los cálculos de nadie. Inicialmente, sus movimientos parecían una improvisación sin orden ni sentido. Poco a poco, el puzle del presidente va tomando forma, pero todavía permanece inacabado, aún no se adivina una imagen nítida y reconocible. Nadie sabe qué saldrá de él. Solo cuando esa imagen se delimite y afiance sus contornos sobre el cambiante tablero de la política se sabrá con certeza si los planes de Griñán eran lo que él cree que son o eran simplemente lo que sus despectivos adversarios esperan que sean.

http://www.andalucesdiario.es/politica/un-relevo-en-siete-claves-seis-politicas-y-una-personal/

domingo, 4 de agosto de 2013

Criaturas de partido

EL PAÍS. OPINIÓN. Tribuna

Criaturas de partido

En España militar es callar y solo el electorado acabará con el bipartidismo


Como en la novela de Stevenson, los partidos políticos parecen haberse convertido en extrañas criaturas duales de esencia cambiante. De día son exquisitas formaciones democráticas, pero de noche se transforman en diabólicos organismos parasitarios dedicados a extraer de lo público beneficios estrictamente privados. ¿Qué son, estructuras representativas imprescindibles o gigantescos calamares chupa-rentas? ¿La luz o la sombra? ¿Jekyll o Hyde?
Son sobre todo lo primero, por descontado, pero esa segunda naturaleza siempre ha estado ahí. Aunque hoy asistimos a un revival del lado oscuro de los partidos, la tesis de fondo —sean las “élites extractivas”, sea “la casta”— no es muy distinta a la Ley de hierro de las oligarquías que Michels formuló hace más de un siglo. El mundo ha cambiado mucho desde entonces, pero esa ley sigue vigente, muy vigente. Y la mejor forma de exponerla es la de siempre, unos buenos ejemplos. Criaturas de partido, en España, no faltan.
Empecemos por Eduardo Madina. En septiembre de 2012, en EL PAÍS, una periodista le hace notar que con nuestro sistema electoral “no a todos los partidos les cuesta lo mismo un escaño, ni mucho menos”. La respuesta de Madina es sorprendente: “En las circunscripciones, sí”, alega.
“Separados pero iguales”, la línea argumental de los teóricos del racismo a los que se enfrentó Martin Luther King. En cada grupo reina la igualdad, entre los grupos hay diferencias. Los negros —letrinas nauseabundas, chabolas miserables, educación vedada— iguales a los negros; los blancos —baños saneados, viviendas confortables, universidades públicas— iguales a los blancos. Para Madina es lo mismo: los madrileños —escaños a 130.000 votos— iguales a los madrileños; los turolenses —escaños a 35.000— iguales a los turolenses. Los votantes de IU —escaños a 400.000 votos— iguales a los votantes de IU; los del PSOE —escaños a 60.000— iguales a los del PSOE. Y aquí paz y después gloria.
Desde la socialdemocracia se pisotea la igualdad y desde el liberalismo se coarta la libertad de otros partidos
Pasemos a otra criatura, Dolores de Cospedal. Quiere reducir el tamaño del Parlamento de Castilla-La Mancha. Les redondeo las cifras. Ahora hay 50 escaños y cinco circunscripciones, por lo que en cada una se eligen 10 escaños. Una elemental regla de tres indica que con el 10% de los votos de una circunscripción ya logras un escaño, pero en realidad ese porcentaje es siempre algo menor, como un 8%. Cospedal pretende dejar el parlamento en 30 escaños, seis por circunscripción. Hagan la regla de tres: ahora el primer escaño exige un 15% de los votos.
¿Y? Es evidente: IU y UPyD, los partidos que más crecen, se van a quedar fuera. Las encuestas les dan, de momento, más de un 7%, pero menos del 15%. Cospedal ha tratado de justificar la canallada aduciendo que hay que recortar gasto. Pero ya dejó a los parlamentarios sin sueldo, luego ese difícilmente puede ser el motivo real de la propuesta.
Observemos: uno, desde la socialdemocracia, pisotea el valor de la igualdad, santo y seña de su ideario; la otra, desde el liberalismo, retuerce la ley para impedir que sus conciudadanos accedan con libertad al ágora democrática. Y todo, claro, mientras las calles hierven de indignación.
¿Cómo se alcanza ese grado de autismo? Recordemos a Nietzsche: “Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también el abismo mira dentro de ti”. Todo empieza al ingresar en el partido. Afiliarte implica hacer voto de silencio. No puedes criticar a los tuyos: militar es callar.
La conversión ha empezado, porque callar es aislarte. Si en público solo puedes defender las tesis oficiales, a tu alrededor se genera una burbuja que te incomunica. Mecanismos internos —justificarás aquello que defiendes— y externos —te codearás casi en exclusiva con los tuyos— harán que la voz del mundo exterior se quede fuera.
El influjo es imperceptible, pero tenaz. La estructura te transforma. Lo hace por fuera —la corbata, el traje, el dominio de los gestos—, pero sobre todo por dentro: lo que no encaja se ignora, lo que el argumentario reza se defiende, lo demás no existe. Cuanto más arriba, más cambias. Al final del proceso eres una criatura en el sentido etimológico de la expresión: es el partido el que te ha creado. De ahí que en el grupo parlamentario nadie discrepe... ya no son los que miran, sino el abismo mirado.
Esa transmutación es esencial e inevitable. De hecho, bien encauzada resulta imprescindible para articular la representación política, porque los partidos reducen la complejidad y la tornan manejable. Por eso el problema no es que los partidos estén llenos de criaturas de partido, sino más bien lo que los partidos y sus criaturas hacen hoy y ahora entre nosotros. Están fuera de sí: se han extendido donde no debían —la justicia, las cajas, la Administración, etcétera— y se han otorgado a sí mismos sus funciones, sus controles y sus prerrogativas.
Lo que el argumentario reza se defiende y lo demás no existe
Y si para defender el terreno ganado han de sacrificar su propio ideario, lo harán sin inmutarse, como Madina y Cospedal demuestran. Porque en el preciso momento en el que un partido escapa de su espacio —el legislativo— se desnaturaliza. Se transforma. Donde antes había un representante público y democrático surge una criatura perfectamente privada y parasitaria, esto es: antipolítica. Por eso el 15-M y los indignados son en buena medida una reacción políticaante un mal previo. Un mal que, precisamente por su apoliticismo, iguala a las formaciones que lo padecen: ahí sí son iguales, en efecto. La antipolítica son los partidos cuando se exceden, no las plazas, ni las mareas, ni la gente cuando protesta.
Hay dos grandes antídotos para que esas criaturas de criaturas que son los partidos vuelvan a su ser: los militantes y los electores. Los primeros les dan forma, los segundos tamaño. Dos derechos fundamentales que exigen la más elemental teoría de la democracia y que aquí en España… en fin. Ni los militantes tienen autoridad frente al aparato ni los electores entera libertad para acabar con el bipartidismo, blindado por el sistema electoral.
¿Qué hacer? Dos iniciativas —el foro +Democracia y el Manifiesto de los cien— apuntan hacia el primer remedio y apuestan por democratizar los partidos. Yo he firmado las dos y desde aquí les animo a hacerlo, pero me temo que carecen de demasiado recorrido. Estamos hablando del reparto del poder, las firmas no van a hacer ni cosquillas. Esto solo se puede cambiar desde abajo, que es desde donde el 15-M, la abstención y la politización ciudadana están activando como nunca antes el segundo antídoto, el fundamental y el verdaderamente perentorio: los electores. Es la vía más eficaz, se llama “democracia” y el bipartidismo se la está ganando a pulso.
Jorge Urdánoz Ganuza es profesor de Filosofía del Derecho y del máster de Derechos Humanos de la Universidad Oberta de Catalunya. Su ensayo Veinte destellos de ilustración electoral (y una página web desesperada) se publicará en breve.

jueves, 1 de agosto de 2013

Mejores partidos para salir de la crisis

Sin formaciones políticas serias y abiertas no podremos arreglar los problemas



La dirección del PSOE ha anunciado que planteará una reforma de la Ley de Partidos para regular su funcionamiento interno. Si el PSOE se propone elegir a sus líderes mediante primarias, es decir, aplicando el criterio de “un afiliado un voto”, un sistema claramente más participativo y con más capacidad movilizadora que el actual, que se aplique por ley a todos los partidos sin duda mejoría el funcionamiento de nuestro sistema democrático.
El PSOE tiene experiencia en primarias. En 2000, Almunia promovió la votación directa de los afiliados para elegir al candidato socialista a la presidencia del Gobierno. Ganó Borrell, quien poco después dimitió acosado por una estructura de partido que no estaba preparada para dos líderes y dos legitimidades; la del secretario general con el apoyo del aparato, y la del candidato que contaba únicamente con la simpatía de los afiliados que le habían votado. Almunia impulsó las primarias de forma táctica para afrontar unas difíciles elecciones generales y llenar el hueco que la dimisión de Felipe González había provocado en el PSOE. Tras la dimisión de Borrell, Almunia fue el cabeza de cartel y las elecciones se resolvieron con la primera mayoría absoluta del PP. El PSOE enterró las primarias.
Mucha gente piensa que Zapatero fue elegido en primarias, pero no es cierto. Su campaña frente a Bono generó la misma movilización y expectativas que unas primarias, pero en realidad se luchaba por el apoyo de los delegados que, contra todo pronóstico, eligieron a Zapatero secretario general por apenas nueve votos. Esto fue así gracias a otra innovación electoral: que los delegados presentes en el congreso votasen de forma individual y secreta, y no en representación de sus federaciones como marcaba la tradición.
Es algo demostrado que el sistema de elección determina en buena medida el perfil del ganador, por lo que motivos tienen quienes argumentan que Carme Chacón habría sido secretaria general si, en lugar de un congreso de delegados, su elección hubiera estado en manos de los afiliados.

Los partidos se han transformado en coaliciones de cargos electos que no utilizan los talentos a su alcance
Pero lo relevante para el futuro inmediato es que, tal como el PSOE plantea la reforma de la ley de partidos, ni siquiera parece un movimiento táctico sino una simple respuesta a un conflicto interno. El PSOE se ha visto obligado a abrir el debate sobre la elección del líder, cuando pretendía, no sin razón, centrar la atención del electorado en los errores del Gobierno. Por tanto, cabe preguntarse, si el PSOE aprovechará la ocasión para impulsar un cambio institucional en su propia organización que le vuelva a situar en vanguardia de las organizaciones políticas. Y digo vuelva, porque durante la transición los entonces jóvenes dirigentes socialistas supieron resolver la tensión entre la conservadora dirección en el exilio y unos líderes sociales que exigían cambios políticos para los que no estaba preparada la sociedad española. La respuesta en aquella ocasión no fue programática. Fue organizativa.
En 1982, año de la primera victoria socialista, no ganó el mejor programa, ni la organización más numerosa y con mejores cuadros (sin duda el PCE) sino una organización que, a base de no ser nada en media España, permitió a miles de activistas (hoy los llamaríamos así) utilizar un joven y a la vez, venerable partido, para dar expresión a su visión de España. Fue del partido socialdemócrata alemán de quien se aprendió a organizar campañas movilizando electores y esas innovaciones, electorales primero y orgánicas después, fueron imitadas por el resto de los partidos para poder competir con posibilidades. El PSOE que rompió con la clandestinidad era una organización tan débil, tenía tanto que aprender y necesitó a tanta gente, que aun a riesgo de traicionar los orígenes, permitió a varias generaciones hacer de ella una herramienta de cambio social.
Tienen razón los que dicen que, aun con la gravedad que supone la corrupción, el principal problema de España no es el funcionamiento de los partidos. Con uno de cada cuatro españoles que quieren trabajar en paro y con unas instituciones que han renunciado a dotar de seguridad, cohesión y sentido de futuro a la sociedad, quizás deberíamos centrarnos en resolver el funcionamiento de la economía, el sistema financiero y las instituciones. Es cierto que millones de familias esperan del Gobierno y de la oposición acuerdos sobre sus problemas. Pero si los partidos no funcionan no podremos arreglar ninguno de los graves problemas de nuestro país.
Y los partidos no funcionan porque, a diferencia de lo que ocurrió en la Transición, ya no sirven como instrumento de cambio para nadie, pese a que la sociedad española está hoy más preparada y dispone de más talento y capacidad para resolver esta crisis que en ninguna etapa anterior. El problema es que la progresiva transformación de los partidos en coaliciones de cargos electos ha hecho que ese talento esté bien lejos de la política. El problema es que los jóvenes están convencidos, sea cierto o no, de que su futuro no pasa por las decisiones que adopten las instituciones. El problema es que cualquier movimiento social, desde las plataformas antidesahucios, las mareas de defensa de la educación o la sanidad, u otras de signo contrario como las de defensa de la vida o los valores religiosos, no esperan de partidos e instituciones marcos de convivencia y cohesión razonables, sino excusas para la confrontación.
Lo que necesitamos para salir de la crisis no es menos política, sino mejor política y mejores partidos. Para lograrlo debemos reformar por ley su funcionamiento. El funcionamiento interno de los partidos no es un asunto privado, sino de calidad democrática como exige la Constitución sin que, en 35 años de democracia, ninguna Administración, incluida la de justicia, haya velado por su cumplimiento. Ni siquiera el uso de los fondos con los que los partidos se nutren, mayoritariamente públicos, ha estado sometido a inspección independiente alguna, haciendo posible los episodios de corrupción más vergonzantes.

Ni siquiera el uso de fondos públicos se ha sometido en España a inspección
Limitar el acceso individual o colectivo a la afiliación o a una participación política de calidad, es vulnerar un derecho constitucional que debería ser defendible en los tribunales. Los procedimientos de elección de líderes internos y, sobre todo, los procesos de selección de candidatos electorales cumplen una función social imprescindible para el funcionamiento democrático. Su organización no solo debería ser democrática y transparente, sino que debería estar sometida al control y la regulación pública, y no únicamente al arbitrio de quienes han sido elegidos o aspiran a serlo. Lo que ha funcionado en la Iglesia católica, aquello de que los cardenales eligen al papa y este a los cardenales, no siempre es bueno para la democracia.
No se sorprenderá el PSOE si encuentra escaso interés en el PP y en el resto de los partidos para impulsar estos cambios, incluso si encuentra escaso interés entre sus propios dirigentes. Ni en esta ni en la siguiente legislatura habrá una reforma significativa de la ley de partidos, salvo que los acontecimientos sociales se precipiten y nos encontremos en un proceso cuasi-constituyente.
Es mucho lo que está en juego. Cuando la política se bloquea, las derivas a la italiana aparecen, por lo que la incapacidad de los partidos de reformarse a sí mismos, lejos de un freno, debería suponer una oportunidad, una ventaja competitiva para los socialistas. De nuevo, el PSOE es una organización que tiene mucho que aprender y, como ya hizo tras abandonar la clandestinidad, debería innovar, transformar sus formas de organización y su tecnología, pero no solo para abrir sus puertas, sino para inventar otras nuevas, anticipándose a la ley y al resto de los partidos.
Joan Navarro es sociólogo y vicepresidente de asuntos públicos de Llorente&Cuenca.

sábado, 29 de junio de 2013

Claves para el socialismo del siglo XXI

ENTREVISTA

Marta Harnecker: “En América Latina ha sido derrotado el neoliberalismo”

La politóloga chilena Marta Harnecker publica 'Un mundo a construir', en que dicta las claves para el socialismo del siglo XXI


La escritora Marta Harnecker. / CLAUDIO ALVAREZ
Marta Harnecker, divulgadora a escala planetaria del pensamiento marxista desde 1960, visita España para presentar en Madrid su libro Un mundo a construir, que El Viejo Topo acaba de publicar en edición popular. Chilena de raíces austríacas, psicóloga y politóloga, se formó bajo la dirección del pensador estructuralista francés Louis Althusser. Después de regresar a su país, abandonó Chile tras el golpe militar de Augusto Pinochet que derrocó a Salvador Allende. Ha vivido en Cuba, donde estuvo casada con Manuel Piñero, jefe de la Inteligencia cubana, así como en Venezuela, donde ha asesorado al Gobierno de Hugo Chávez, para trasladarse hace dos años a Canadá donde ahora reside con su pareja, el profesor Michael Lebowitz. Viajera incansable, Harnecker sigue de cerca la política latinoamericana, señaladamente Venezuela, Bolivia y Ecuador, donde asegura que los movimientos sociales han malogrado los propósitos del neoliberalismo.
Pregunta. ¿Qué principios del marxismo continúan siendo válidos hoy para entender lo que sucede?
Respuesta. Los análisis que hizo Marx sobre el capitalismo de su época siguen siendo absolutamente válidos en cuanto se refiere a la expansión, los ciclos, las crisis, la superproducción…Globalmente considerado Marx tenía razón, lo que sucede es que hay que plantearse nuevas preguntas y buscar nuevas respuestas a problemas que en su día no existían.

Uno de los principales errores de la izquierda latinoamericana fue el de trasladar de manera muy mecánica hacia el subcontinente los mismos análisis de la clase trabajadora que se hacían desde la Unión Soviética
P. ¿Cómo fue su formación ideológica?
R. Althusser fue para mí como un tutor, de él aprendí el método de lectura crítica mediante comprendí el marxismo de manera compatible con mis creencias de entonces, ya que procedía de la Acción Católica. Sus enseñanzas me sirvieron de puente y comprobé que el marxismo se había estancado en algunos dogmas, sobre todo en países del área soviética.
P. ¿Cabe hablar de la clase obrera como sujeto histórico revolucionario?
R. Uno de los principales errores de la izquierda latinoamericana fue el de trasladar de manera muy mecánica hacia el subcontinente los mismos análisis de la clase trabajadora que se hacían desde la Unión Soviética. Ya en 1985 me di cuenta de que el sujeto histórico de la revolución era mucho más amplio que la clase obrera, muy golpeada por la ausencia de trabajo, las rebajas salariales, la subcontratación y la precariedad, que la redujeron casi a una minoría y a perder su rol político protagonista.
P. ¿Cuál es hoy ese sujeto?
R. Ahora, los nuevos movimientos sociales integran a campesinos, indígenas, cristianos, estudiantes, endeudados…, toda una serie de luchas de base que mostraban el malestar de amplios sectores de la población ante el discurso y la política del neoliberalismo. El golpe militar de Chile experimentó contra ellos su primer intento, para que esos movimientos sociales no levantaran nunca cabeza. Hace poco estuve en Chile y todo se ha transformado gracias a las nuevas luchas.
P. ¿En qué grado la gestión en clave neoconservadora del capitalismo le ha beneficiado o le ha dañado?
R. En una primera etapa contribuyó a su expansión y ello llevó a Francis Fukuyama a afirmar que la historia había llegado a su fin. Sin embargo, el modelo comienza a hacer agua en los años 80, precisamente en América Latina, donde era tal la desigualdad económica, tan extensa la inseguridad incluso psicológica que sus políticas generaban en las gentes que el propio neoliberalismo creó las condiciones que abrieron el paso a sus sepultureros, los nuevos movimientos sociales.

Lo más importante fue que Hugo Chávez se dio cuenta de que era preciso cambiar las reglas de juego de las instituciones políticas venezolanas
P. En Occidente, ¿cree que la política posee margen de autonomía respecto al mundo del dinero?
R. No veo ninguna autonomía. Las corporaciones y los bancos son quienes deciden, los políticos actúan de acuerdo con los intereses que les dictan.
P. ¿Cree posible que el sistema opte por una salida bélica de la crisis?
R. Una salida bélica global no es imaginable, ya que llevaría a una conflagración atómica. Tal vez recurra a guerras parciales, pero conviene no confundir entre hegemonía y dominio. La hegemonía se ejerce por persuasión y el dominio, por la fuerza. A más hegemonía, menor dominio. Si pierde la hegemonía, aplicará medidas de fuerza.
P. ¿Se dan condiciones para una auto-consunción del sistema capitalista?
R. No creo en la crisis final del capitalismo como algo mecánico que sobrevenga por sí solo, sin alternativa política.
P. ¿Qué alternativa ve?
R. Una amplia plataforma social que interprete políticamente los innumerables malestares sociales que el neoliberalismo provoca y que los ataje con soluciones sociales, compartidas y discutidas a nivel de base, como se ha hecho en Venezuela con los consejos, luego con las comunas.
P. A su juicio, movimientos como el 15-M o Occupy Wal Sreet, ¿forman parte de la solución o del problema?

Brasil ha jugado un papel crucial en el cambio de las relaciones de fuerza entre América del Sur y los Estados Unidos
R. Sin duda alguna, de la solución. Así empezaron a resolverse problemas en América Latina.
P. ¿Cómo ve el futuro de la llamada revolución bolivariana?
R. Es preciso decir que ha sido el único caso en la historia en que se ha acometido una revolución con recursos financieros holgados. Por ello, no puede homologarse con otros procesos. Lo más importante fue que Hugo Chávez se dio cuenta de que era preciso cambiar las reglas de juego de las instituciones políticas venezolanas mediante órganos sociales de distinto tamaño, que fueran vertebrando alternativas según su escala, desde los consejos comunales hasta las comunas de mayor tamaño: proponían proyectos y recibían financiación estatal para materializarlos, de manera que se fortalece la participación política y la sociedad, en su conjunto, se siente parte activa de los procesos vitales que le conciernen
P. ¿Dónde cree hallar su punto flaco?
R. Si bien se cuidaron mucho las inversiones sociales, quizá de descuidaron las de tipo estrictamente económico.
P. ¿Qué opinión tiene sobre las potencias emergentes, como Brasil?
R. Brasil ha jugado un papel crucial en el cambio de las relaciones de fuerza entre América del Sur y los Estados Unidos. Ya hay organismos internacionales, como UNASUR, donde Washington no está presente y se toman decisiones que nadie nos impone.
P. ¿Qué causa fue a su juicio determinante de la implosión de la URSS?
R. Sustento la tesis de mi esposo, Michael Lebowitz, según la cual el poder soviético, de manera paternalista, estableció cierto pacto social con los trabajadores para satisfacer sus necesidades básicas, pero a cambio de que no participara en la política por lo cual, al sobrevenir la caída, la gente, los trabajadores, no se sintieron vinculados a aquel modelo.

domingo, 22 de abril de 2012


Argentina: dos ya no bailan el tango

Por:  20 de abril de 2012
VICENTE PALACIO. El País.
Post kirchner












La expropiación forzosa del 51% de las acciones de Repsol a YPF es la pesadilla más reciente del post-peronismo de Cristina Fernández de Kirchner. Después de esto, la gran pregunta es ¿toca a su fin la relación estratégica entre España y Argentina?
¿Qué ha empujado al Gobierno argentino a dar esta fatal paso adelante? Un vistazo a la situación política y económica del país nos puede aclarar muchas cosas. De un lado, la hegemonía política del Frente para la Victoria en las dos Cámaras, sobre las que se erige el Presidencialismo, algo solipsista, de la viuda de Kirchner. Ésta vive un momento político que le otorga un cheque en blanco que posiblemente le va a durar aún un tiempo. Dos instancias clave están intervenidas: el INE (Indec), célebre por falsear los de datos de inflación y de desempleo (oculto tras las subvenciones y la informalidad), y la Secretaría de Comercio, que fija a dedo los precios de los productos básicos, en una nueva versión de aquella "sustitución de importaciones" de los años sesenta del siglo pasado. Una economía subsidiada, sostenida, fundamentalmente, por la exportación de soja -que va comiendo el terreno a la ganadería- con la competitividad en caída libre; y un crecimiento para 2012 que caerá a menos del 4%, la mitad de la media de los años recientes de bonanza, el 8,5%. En suma, una "economía mágica" donde nada es lo que parece, y donde nadie entre los partidarios de la Presidenta se atreve a decir la verdad en voz alta para no ser tachado de antipatriota.
La cosa podría resumirse así: la Presidenta ha visto en la expropiación una manera de contener precios, a la vez que una manera de autoafirmarse en el cargo, agitando el fantasma de una empresa tan emblemática para el corazón de los argentinos como YPF, escondiendo el hecho de que fue el matrimonio Kirchner quien accedió a su privatización y la entrada de Repsol. Desde 2008 Repsol se afianzó como socio estratégico para el Gobierno argentino en su política energética. Todo parecía ir bien hasta que en noviembre de 2011 suceden dos cosas que ponen nervioso al Gobierno argentino. Una, que se aumentan la distribución de dividendos, llegando a los 1000 millones de dólares, un 25% de las regalías. Otra, que Repsol anuncia unas enormes reservas descubiertas en Vaca Muerta, que representan el 50% de las reservas argentinas de gas y petróleo, y valoradas en 250.000 millones de dólares. Un bocado demasiado sabroso como guardar las formas.
Parece que todo gobierno en Argentina ha de tener sus Malvinas: y en esto Cristina Fernández ha encontrado las suyas. El cóctel político-económico ha hecho explotar de la peor manera la controversia entre Gobierno y Repsol acerca de la inversión de la empresa. Las relaciones en estos años han pasado por el tira y afloja habituales, en relación al aumento de la producción o los precios. Pero la inversión de la empresa española se ha mantenido en estos años en la media de las petroleras presentes en suelo argentino. En los últimos meses se iban recrudeciendo las exigencias de la Casa rosada, que alegaba una producción insuficiente para una creciente demanda, o la re-inversión de las regalías. Finalmente, se ha hecho de manera ilegal y discriminatoria (para más sorna, Repsol ha sido expropiada con una ley de la dictadura de Videla de 1977, la 21499, la misma dictadura que, paradojas de la vida, el juez Garzón se afanaba en perseguir hasta no hace mucho), sin tocar a los otros accionistas argentinos, norteamericanos o chinos del sector energético, y ninguneando los acuerdos para la protección de inversiones recíprocas con España.
A corto plazo el Gobierno español no tiene demasiado margen de maniobra para revertir la situación. Las sanciones a la soja, la carne, o al biodiésel son insuficientemente disuasorias. Y, a diferencia de lo que esperaba el Ministro de Exteriores Margallo, Estados Unidos -con Exxon a salvo de la quema- no va a mojarse en esto, porque está más bien a sus problemas internos, y también porque no quiere abrir más frentes comerciales además del que ya tiene con su vecino, Brasil. En cuanto a China, con su petrolera Sinopec, que había llegado a un pre-acuerdo para invertir en YPF.
¿Fin, por tanto, de la relación especial entre ambos países? Aún hay alternativas a ese mal final. Pese a todo, no hay que bajar los brazos. La batalla -el Gobierno del PP se va dando cuenta ya- se libra a medio y largo plazo, en el ámbito político y jurídico. Después de las bravatas de ambos gobiernos, es un momento de prueba de la diplomacia económica española. Habrá que tejer con paciencia una tela de araña envolvente para desacreditar a ojos de sus socios latinoamericanos y europeos, de los socios del G-20, en la OMC, y también en los medios de comunicación económicos más influyentes en el ámbito de los negocios, al Gobierno de Cristina Fernández, efímero al fin y al cabo. En especial, supune una prueba de nuestra influencia en la UE, y de nuestra capacidad de movilizar a la Comisión y el Parlamento. Por el momento, el único apoyo firme es el de la UE, que va a suspender sus encuentros previstos con Argentina, y se plantea represalias de los 27. Ese ese el camino.
Si se hace con paciencia y transparencia, y se mantienen abiertos los canales de diálogo, a la larga podría haber un final no tan infeliz: se reparan los daños a Repsol, y a la relación entre los dos países; Argentina renuncia a ser un "estado gamberro" de la economía internacional, y retoma el buen camino; y España aprende a blindarse de este tipo de acciones para el futuro, y acaba saliendo de su crisis.